VOLVER A LA ESTUPIDEZ by de Sousa Galería

Roberto Jacoby dijo una vez que “el artista (contemporáneo) hace lo que no sabe”. Creo que quiso poner de relieve la radical inespecificidad del arte. El hecho de que lo que no se sabe se aprende sobre la marcha y no hay un conocimiento previo que garantice una calidad de prácticas artísticas. Pero vivimos en tiempos hiperbólicos y uno se puede preguntar: ¿cuáles son los límites de todo lo que un artista puede ignorar? Yo que también fui un artista joven, ya falseé una postura de escritor de redes sociales (que me dio cierta notoriedad “en el medio”) y ahora, mi nueva impostación me está llevando por el camino del artista electrónico, y/o sonoro.

Mi única premisa de artista contemporáneo era nunca, pero nunca, juntar nada de la calle. Para acumular basura ya tenía bastante con mis “obras”; la última serie que hice y que llamé Continuación de lo mismo, eran ensambles de obras pasadas o partes de instalaciones (entonces también imposté al “carpintero”).

Cuando Pablo de Sousa me propuso hacer una exposición en el nuevo espacio de la galería (¡de 2 pisos!), me pidió que mostrara obra nueva. Yo, que venía de hacer estas obras “recicladas” que no llegué a mostrar en conjunto sino por partes, me tomé muy literalmente la propuesta y empecé a pensar en qué podía ser nuevo para mí. Ya sabemos que no hay nuevo, pero sí existe la posibilidad de nuevas impostaciones. Por lo pronto (y viendo que “la gente quería un cambio”), me olvidé de mi antigua premisa y comencé a juntar basura en mis viajes en bicicleta del trabajo a casa. En el trabajo, también aprendí a apreciar esas manchas espontáneas que quedan en los recortes de madera que usamos para descargar la pintura del rodillo (y que le gustaron tanto a mi amiga Séverine). Con estos “nuevos elementos”, y bajo el influjo de ciertos bots de X (ya no abro un libro) a los que sigo porque publican regularmente la obra de algún artista, volví a Jasper Johns, Robert Rauschenberg, Mark Rothko, ídolos serios y chistosos de los tiempos de la escuela de Bellas Artes, inscriptos en nuestra memoria como un catálogo de recursos plásticos. Con ellos en mente (con ellos en meme) hice la breve serie Egresados CIA.

Ya pasaron 10 años de mi muestra buena Artista, Media carrera, Todo destino, en Big Sur galería. En ese momento, mi idea de “historia del arte” era todavía algo contra lo que creía que podía pelear. Como indica la matemática, la mitad de cero es cero. Ahora, simplemente entiendo que lo que hice en 20 años de intentos es simplemente no necesario a ningún relato (ni geométrico, ni político, ni latinoamericano). ¿Es ésta la extraña forma de mi “libertad”?

También hace años (no soy melancólico, soy un poco lento), participé de las Jornadas sobre Estupidez y Arte que organizaron Claudio Iglesias y Juan Laxagueborde. En aquél momento, cometí el mismo error que otros conferenciantes: encontrar la estupidez en los Otros, o en todo caso alrededor, y no EN EL CENTRO de mi práctica artística. Con esta muestra espero enmendar ese error.

Pablo Rosales

Buenos Aires, 27 de febrero de 2025, 24 ̊C, mayormente nublado.

CONVERTIR UNA PALABRA EN SOMBRA by de Sousa Galería

 
 

“Los reflejos no están hechos para ser vistos a plena luz, sino que deben ser adivinados en la penumbra como rayos misteriosos, agitados por el tiempo. Invitando a quien habita el espacio de la imaginación, a desconectar la certidumbre para entrar al terreno de la ensoñación”.

El elogio de la sombra, Junichirō Tanizaki

 
 
 
 
 
 
 

DSTRCTV VRT by de Sousa Galería

Jorge Lezama, Enio lommi, Nazareno Pereyra, Gilda Picabea, Julia Padilla, Diego Bianchi, Daniela Luna, Marcelo Estebecorena, Mauro Guzmán, Boris Aiub, Fifi Tango, Princesas del Asfalto.

La clase media va al Paraíso by de Sousa Galería

La clase media va al paraíso: título polémico, social, casi errático, elegido por Aisenberg para presentar un grupo de obras realizadas en el último año, que remite a la película del italiano Elio Petri La clase obrera va al Paraíso de 1971. Esta muestra reúne dos tiempos de su obra, la de comienzos de los ochenta (el retorno del exilio) y la actual. Ambas etapas comparten la distancia con la prolijidad del orden y la mirada, sin el borde que delimita la obra. El paraíso quizás es esa búsqueda.

La vida doméstica de la clase media está constituida por objetos utilizados como soporte para pintar, aquellos que marcan la cotidianidad y la repetición de los días: dormir, comer: sábanas, manteles y servilletas, algunos como huellas de un pasado esplendor al igual que los papeles de pared. Trapos usados y rasgados son tratados con la mayor de las devociones. Hay una meditación sobre el trabajo: las herramientas, los cables y unas figuras abstractas (conectores, para Aisenberg) que vienen del mundo de la ferretería familiar.

En los ochenta Aisenberg representaba madonas y retablos, quizás más como una apropiación de la historia del arte que reflexión sobre lo sagrado. Ahora es posible un mundo que anhela lo sagrado, donde vuelan colibríes entre las flores del Jardín del Edén del que fuimos expulsados por conversar con la serpiente. El dorado tan presente en su obra es el resplandor de lo venerable.

El Autorretrato de 1982 es ahora una selfie. Las manos o los ojos alcanzan para representar desde el fragmento la totalidad de sí misma. En el paraíso de Aisenberg hay pulpos (no sabemos si inspirados en Mi maestro el pulpo o en la fotografía erótica de Hokusai). Flores, colibríes y pulpos. Cielos y más cielos, infinitos, arcoiris, estrellas, resplandores atmosféricos, orígenes del universo. Los cometas atraviesan el cielo azul, amarillo y rosa.

Gachi Hasper

Buenos Aires

Junio 2024